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Desahucio ejecutado en Marmolejo.

25 de noviembre de 2011

A partir de las 10:15 de la mañana unas 70 personas del movimiento 15 M de Andújar, vecinos de Marmolejo y representantes de la Plataforma de afectados por el desahucio de Torredelcampo, acudimos desde la plaza del ayuntamiento de Marmolejo, escoltados por la policía local y tras un todo terreno de la guardia civil hasta la calle Sur, con la pretensión de acompañar a Rosalía y Enrique en, tal vez, el momento más difícil y traumático de su vida: el señalamiento para desahucio de su hogar.

A la entrada de la calle, de unos 60 metros de larga, se apostaban 3 todo terrenos de la guardia civil, otros tres al otro extremo de la misma, y entre los vehículos unos 30 números de la benemérita que nos obligaron a detener nuestro paso, a pesar de nuestra insistencia de que no se trataba de una manifestación violenta, que sólo queríamos acompañar a la familia en proceso de desahucio, asesorarla en términos legales y tratar de mediar con los representantes del banco. Pero a esa hora ya estaba todo perdido.

El banco, a través de un representante les había hecho concebir la idea de que probablemente pospondrían en seis meses este desahucio, que podrían quedarse en la vivienda en régimen de alquiler. Enrique se aventuraba a pensar: tendré trabajo estos días en la aceituna, podremos reponernos con el tiempo y nuestra casa será siempre nuestro hogar. Nada más lejano de la realidad. Hasta los vecinos comentaban que había rumores de que un tercero, sabedor de la situación, se postulaba como comprador de la vivienda. El ejecutor del desahucio, Caja Sur, intervenida por el gobierno en meses anteriores y habiéndole inyectado 7.000 millones de euros, tenía su negocio ya hecho. Los dueños de la casa que hasta ahora pagaron sus cuotas hipotecarias y recientemente habían dejado de hacerlo por la pérdida de trabajo de los cabeza de familia, serían desahuciados y su casa vendida con seguridad. Que es lo que los bancos quieren, es lo que Caja Sur quiere: ganar mucho, muchísimo dinero. El dinero que Enrique, Rosalía y su familia ya habían pagado hasta la fecha, meros intereses hipotecarios, el dinero recibido de las arcas del gobierno, de los impuestos que a tí y a mí nos cobra el gobierno, se supone que para mejorar nuestra calidad de vida, ahora Caja Sur se queda con el inmueble por el 50% de su valor y lo revende por el valor de mercado, probablemente mediante otra hipoteca, o en dinero contante y sonante, mientras, es posible, Enrique tenga que seguir haciendo frente al resto de la hipoteca que en su día contrajo.

Hoy, todos hemos sido testigos de un acto legal y, a la vez bochornoso, inhumano, degradante, arbitrario, desleal y sobre todas las cosas injusto.

El subdelegado del gobierno en Jaén envió a las fuerzas de seguridad, impidiendo el paso libre por la calle Sur, el derecho de reunión frente al número 7 de la calle Sur de Marmolejo,  el paso de los reporteros, cámaras y editores de la prensa que en buen número sólo podían grabar imágenes a gran distancia y con los vehículos y cuerpos (físicos) de seguridad negando el derecho a la libre información.

Es legal desahuciar a una familia de su casa por impago de la hipoteca, pero no es justo porque pueden acordarse medidas que satisfagan a ambas partes, no es justo que las leyes que emanan del Parlamento estén hechas de tal modo que vayan contra los principios fundamentales que enumera la constitución en su capítulo primero: derecho a una vivienda digna. No es justo que la guardia civil acate órdenes injustas, no es justo que se pisotee el derecho a la circulación, la libre reunión y el de ejercer la información a la prensa. No es justo que Enrique y Rosalía tengan que informar a sus hijos, a la salida de clase, de que allá quedaron sus muebles, sus juguetes, algunos libros, las habitaciones… que ahora tendrán que ir acompañados de un empleado de Caja Sur si quieren recuperar alguno de sus enseres.  Que su casa, ya no es suya, que la llave que abría la puerta de su hogar ya no es la de la nueva cerradura que por orden de los servidores de la justicia, tan injustamente han cambiado.

Abatidos, ninguneados, pisoteados nuestros derechos, infinitamente menos que los de Rosalía, Enrique y sus hijos, con las caras desencajadas por el dolor, infinitamente menos fuerte que el de Rosalía, Enrique y sus hijos, volvimos hasta la fachada de Caja Sur. Indignados, derrotados, firmes en nuestro propósito que es de justicia, orgullosos por sabernos con la razón y el derecho frente a banqueros usureros, desnaturalizados, políticos corruptos porque ordenan a sus subalternos violar las leyes constitucionales, hombres y mujeres de los cuerpos de seguridad del Estado, que sintiéndose dolidos y avergonzados por el papel que les tocó jugar, sin embargo no tuvieron el valor suficiente para desobedecer órdenes injustas, contrarias a su conciencia, porque también ellos son trabajadores y tienen hipotecas… y sobre todo porque no supieron defender esa divisa que en los cuarteles es un lema: el honor. La guardia municipal que se añadió a las fuerzas del orden tampoco tuvieron que acatar ninguna. El Alcalde simplemente se desentendió de ellos, obligando con su silencio a que los policías violentaran a sus propios vecinos, apoyando, por pasiva, una injusticia de la que los  policías sin órdenes de la autoridad competente fueron partícipes.

Políticos municipales, provinciales y nacionales dieron la espalda a Enrique y Rosalía, como también lo hizo el sistema de justicia español, a través de un juez de Arjona y sus funcionarios. Caja Sur, ayudada por  7.000 millones de euros de nuestro bolsillo, de los bolsillos de Enrique y Rosalía también, fueron los justicieros a este lado del Guadalquivir junto a miles de vecinos de Marmolejo, que no tuvieron el corazón ni el sentido de la justicia, ni el valor de hacerse presente junto a esta familia destrozada y abandonada por demasiadas personas.

Mañana continuarán los desahucios, nuevas personas verán su vida rota, nosotros estaremos con ellos compartiéndolo todo, porque no hay nada más inhumano y zafio, más deshonroso e insolidario que aquello que dejamos de hacer pudiendo hacerlo.

Manuel Bermúdez

(PAH Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores. Sólo se entenderán como oficiales aquellas que dimanen directamente de las actas de las Asambleas o de la Coordinadora en pleno).

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